Sevilla se prepara para una macroprotesta del campo que cortará casi todas sus vías de acceso

El campo no aguanta más. Es el mensaje que los miles de agricultores que desde las once de la mañana han cortado las principales vías de acceso y salida de la provincia de Sevilla quieren trasladar a las autoridades. 30.000 jornaleros están llamados a secundar los paros y los bloqueos de carreteras en defensa de la agricultura sevillana que, tras la almeriense, es la que más riqueza crea, unos 2.500 millones de euros que generan 100.000 puestos de trabajo.

A las 11 los primeros tractores, envueltos en un ambiente reivindicativo pero festivo, empezaban a ocupar la A-92, que comunica Sevilla con Málaga, Granada y Almería, en dirección Madrid a la altura de Aguadulce; la A-4, que une con Córdoba y Jaén, en el término municipal de Carmona, en dirección Madrid; la A-49, que lleva hasta Huelva, en Benacazón y la AP-4, que lleva a Cádiz, entre los kilómetros 53 y 54 de la antigua autopista de peaje en sentido hacia la capital gaditana. La única vía de comunicación que ha quedado expedita es la A-66, conocida como la Ruta de la Plata, que va a Extremadura.

Pero las concentraciones de agricultores comenzaban ya a primera hora. En Carmona, a 35 km de Sevilla, centenares de agricultores y ganaderos han empezado a agruparse en las carreteras cercanas a la A-4 en dirección Madrid, en torno a las nueve de la mañana. Los manifestantes, ataviados con chalecos amarillos y banderas andaluzas y españolas, vociferaban y pitaban desde la carretera a los tractores que pasaban uno a uno rumbo a la autovía. Federico García, de 53 años, es agricultor de cereal y asegura vender sus productos más baratos que hace 30 años. “Este sector solo se estanca. Nuestros precios bajan y los impuestos y los abonos solo suben”, lamenta. Como él, los trabajadores del sector primario, en su mayoría hombres, cargan con una queja conjunta: critican que no se les tenga en cuenta. “Nos tienen abandonados”, coinciden.

A una hora en carretera, en la vía de servicio de Aguadulce, en la A-92 esa sensación de desamparo también es compartida por el millar largo de jornaleros que desde primera hora habían aparcado alrededor de 300 tractores en el aparcamiento, a la espera de que llegara el momento de ocupar la autovía. “Esta no es la España abandonada, es la España olvidada”, se queja Eduardo Martín, secretario general de Asaja Sevilla, que reivindica, frente al sentir general de sus compañeros de que el campo está muerto, que aún hay futuro.

En ese mismo lugar Alfredo García, presidente de Oleoestepa, una cooperativa que aglutina a 5.500 agricultores, ilustra el motivo principal que les ha llevado a dejar sus cultivos para ocupar las carreteras. “La situación del sector agrario no se puede soportar, estamos con precios de hace 25 años, pero el coste laboral, el input agrícola de productos como los abonos o el combustible ha crecido de forma exponencial. Cualquier agricultor está con unos costes de producción por encima de sus productos y perdiendo dinero, eso se puede aguantar un año o dos, pero no de forma estructural como nos quieren hacer ver”, explica.

Un poco antes de las 12 del mediodía los jornaleros que venían a pie desde la vecina localidad de Gilena se han unido con los tractores que bajaban de Aguadulce. Solo un carril en dirección a Sevilla se mantenía abierto, mientras que las vías con destino a Málaga ya estaban totalmente cortada. La carretera está rodeada por olivos, el paisaje que mejor conocer los manifestantes, la mayoría olivareros que a la asfixia de por los bajos precios en origen y los altos costes de producción suman la preocupación por la guerra arancelaria de EE UU. “Hace falta que nos escuchen, con jornadas como hoy no se solucionará nada, pero se hace ruido”, dice Emilio Limones, propietario de 10 hectáreas de olivos en Puebla de Cazalla (Sevilla).

Recelo ante las medidas del Gobierno

Las protestas constantes del campo, iniciadas el pasado 28 de enero, sí han obligado al Gobierno central a acelerar un paquete de medidas que hoy mismo va a presentarse en el Consejo de Ministros. Los agricultores concentrados hoy en la provincia de Sevilla lo perciben como un paso importante, pero insuficiente. “Si se trascribe lo que hemos visto en el borrador será un avance, pero tenemos miedo de que Competencia tenga más peso que Agricultura”, afirma con recelo Miguel Cobos, secretario general de UPA Andalucía. “Si finalmente se cumple que no se admita la venta a pérdida, sería algo importantísimo para nosotros”, sostiene. Cobos.

Su optimismo no es compartido por el secretario general de Asaja Sevilla, que se muestra más cauteloso. “Decir que se va a aportar más transparencia a la cadena alimentaria y que el agricultor va a tener una posición dominante, hay que verlo, habrá que ver hasta dónde se llega, porque ni la puede tener el productor ni el distribuidor”, asegura Martín. En la AP-4, Antonio Caro, coordinador de Servicios Técnicos de la misma asociación señala que no conoce el texto definitivo Antonio Caro, coordinador de Servicios Técnicos de la asociación de agricultores también se suma al recelo de su compañero. De los avances que ha conocido, como la posibilidad de cambiar la Ley de la Cadena Alimentaria para que cada eslabón tenga en cuenta los costes de producción del anterior, Caro ha asegurado que “supone un avance, pero aún está lejos” de sus reivindicaciones. “Las medidas pueden ser buenas, pero queremos garantías porque una cosa es la teoría y luego la práctica. Estamos en una situación límite en un sector con precios de 30 años y costes de ahora”, ha remachado el agricultor.

Cobos, por su parte, reclama más medidas como la autorregulación del sector y la promoción. “Ahí está la clave, hay que promocionar el aceite de oliva en países como Australia, Canadá, Rusia o China, territorios con gente y poder adquisitivo a los que hay que incentivar un cambio de costumbres para que dejen de consumir grasa y la sustituyan por el aceite”, indica.

Conforme ha ido avanzando el día, y a pesar del ambiente festivo, los ánimos de los manifestantes se han mezclado con las urgencias de los conductores que necesitaban atravesar los cortes. En Carmona la autopista tan solo está ocupada por una hilera de tractores. En su interior lazos verdes en señal de protesta. Y fuera, adornos de todo tipo: algunos trabajadores han colocado cencerros en la parte delanteras y otros los han cargado con olivos. Desde uno de los puentes de la autovía varios centenares de agricultores han gritado al unísono cuando los coches o camiones se hacen paso en la autovía, a un lado de los tractores: “¡No respetan nada!”, “¡Vaya cachondeo!”.

Pasado el mediodía, en Carmona han confluido todos los jornaleros que han llegado de todas las direcciones haciendo sonar sus cencerros. Al grito de “¡Que no pase nadie! y ¡Arriba España!”, trabajadores, sindicalistas y familias enteras han ido ocupando la vía en ambas direcciones, convirtiendo la autovía en un mar de chalecos amarillos y banderas blancas de los principales sindicatos agrarios.

En la antigua autopista de peaje de la AP-4 que une Sevilla y Cádiz la cadencia que se ha impuesto es la de 15 minutos de corte y 45 más de tránsito. Es el compás que se está repitiendo desde las 11.00 en ambos sentidos entre los kilómetros 53 y 54. Unos 400 tractores y unos 1.000 agricultores, según estimaciones de los convocantes, se han congregado en esta conexión en un ambiente “tranquilo”, tal y como abunda Antonio Caro, coordinador de Servicios Técnicos de la asociación de agricultores Asaja. Parte de los congregados han decidido cortar la Nacional IV, única vía alternativa entre Cádiz y Sevilla. Caro ha reconocido que este corte no cuenta con aprobación oficial y ha asegurado “no estar de acuerdo” con dicha interrupción.

Las retenciones de vehículos se alargan “hasta donde se pierde la vista”, explica Caro. Pese a ello, están encontrando “bastantes muestras de cariño” de los conductores, que, sin embargo, cuando las retenciones han empezado a superar los 20 kilómetros se han ido tornando en malestar, hasta el punto de que la Guardia Civil ha tenido que desviar tráfico parado en la autovía. Los agricultores no quieren ceder a las peticiones de los agentes y se han plantado. “Hasta las dos de la tarde no se reabre”, sostienen.

En Aguadulce la Guardia Civil vigila a los jornaleros asegurándose de que permitan el paso a quienes lo necesitan, como el caso de un vehículo con dos niños pequeños en los asientos traseros que se ha quedado atorado durante un buen rato entre las murallas de tractores que cercan cada lado de la autovía. “Ya hemos cortado la carretera, ya hemos hecho lo que queríamos. Pero no queremos 500 personas enfadadas con nosotros”, señalan los manifestantes. Los agentes, como en la AP-4, también se han visto obligados a desviar parte del tráfico retenido por la vía de servicio.

En la provincia de Sevilla uno de cada seis asalariados está ligado a la agricultura. El territorio, además, es el principal productor de aceituna de mesa del mundo -un producto herido de muerte por los aranceles de EE UU– y el primero en España de arroz, algodón o girasol.

Las expectativas ante la manifestación de este martes son tales que los centros educativos ya han comunicado a los padres que, ante la posibilidad de que las rutas escolares no puedan realizar su trayecto, las faltas de asistencia a clase de los alumnos estarán justificadas. Muchos Ayuntamientos han mostrado su solidaridad con las protestas de los agricultores aprobando declaraciones institucionales y mociones y colocando lazos verdes en los consistorios. Algunos alcaldes los han acompañado en sus tractores.

Las concentraciones del campo en la provincia de Sevilla culminan un calendario de protestas en la comunidad que desde el 28 de enero ya ha visto movilizaciones en Almería, Córdoba, la sierra de Cádiz, Granada y Jaén, donde este mismo lunes miles de personas defendían el aceite de oliva en los 97 municipios del territorio.


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