La mesa de diálogo se reunirá mensualmente y los acuerdos serán “en el marco de la seguridad jurídica”

Había tan pocas expectativas que el comunicado conjunto y las comparecencias tras la primera reunión de la mesa de diálogo sonaron mucho más positivas de lo esperado. Después de tres horas de encuentro, el Gobierno y la Generalitat pactaron que la mesa se reunirá todos los meses en Madrid y Barcelona —aunque ya no estarán ni los presidentes ni los vicepresidentes— y pusieron en el comunicado la palabra “acuerdo”, esto es, que se contempla ya al menos como posibilidad. El único límite es que estos hipotéticos pactos “estarán en el marco de la seguridad jurídica”, sin mención expresa a la Constitución.

La frase más importante de las que se pactaron en tres intensas horas de negociación tiene muchas lecturas. “Cualquier acuerdo que se adopte en el seno de esta mesa se formulará en el marco de la seguridad jurídica”. Como sucedió en el acuerdo de investidura y en el de Pedralbes, hace un año, la Constitución no aparece como límite, aunque el Gobierno entiende que dentro del concepto “seguridad jurídica” está implícita.

En el otro gran elemento conflictivo, la exigencia de la Generalitat de poder hablar en la reunión de autodeterminación y amnistía para los presos, se buscó otra fórmula intermedia. Según Quim Torra, que compareció en un tono mucho más moderado que en otras ocasiones, los representantes de los independentistas plantearon esas exigencias, pero no obtuvieron respuesta del Ejecutivo. Esto es, tampoco este asunto se convirtió en el obstáculo insalvable, simplemente se orilló para intentar avanzar. Del mismo modo no hubo respuesta sobre la exigencia de un mediador, según comentó Torra. La ministra portavoz, María Jesús Montero, sentenció después con claridad que Sánchez sí había dejado claro su posición tradicional, esto es que la autoderminación y la amnistía no caben en la Constitución, y sobre el asunto del mediador remató: “No creemos necesaria la figura del relator”.

Torra aseguró que esta primera reunión fue la “mesa cero” y que espera que en las próximas se “profundice” en las soluciones. “Ha sido un debate abierto y con libertad de planteamientos, que ha servido para poner en evidencia la distancia de ambas partes sobre la naturaleza y las vías de solución del conflicto político en Cataluña”, señaló Torra.

El president dejó muy claro que los representantes del Gobierno catalán no quieren abordar en esta mesa cuestiones de gestión, que llamó “sectoriales”, y será la comisión bilateral entre el Ejecutivo central y la Generalitat, que volverá a reunirse en breve, la que trate este tipo de cuestiones.

Torra pidió no mezclar la mesa de diálogo con otros temas políticos como las elecciones o la votación sobre el objetivo de déficit público que hoy se votará en el Congreso. Aun así, tanto en ERC como en Junts per Catalunya estaban muy pendientes del resultado de esta reunión de la mesa para tomar la decisión definitiva de permitir que se apruebe el primer paso de los Presupuestos, que todo indica, y más después del ambiente que se vivió tras la reunión, que podrán seguir adelante. Montero dijo que no se había tratado en la reunión el objetivo de déficit, pero mostró que el Gobierno entendería un voto en contra como una ruptura total. “Yo tengo confianza en la votación de este jueves. Si realmente necesitamos darle cauce a los acuerdos puntuales en la comisón bilateral o en estas reuniones es obvio que se requieren Presupuestos”, sentenció la portavoz del Gabinete de Sánchez.

El Gobierno ofreció una imagen muy positivo de la cita. “Ha sido un primer paso para avanzar en las relaciones institucionales y afectivas tras 10 años en los que solo ha habido reproches. Hoy hemos empezado una nueva etapa marcada por la agenda del reencuentro. Las cosas que nos separan son muchas, es una negociación muy compleja, no esperamos frutos en el corto plazo”, señaló Montero. “La opción de mirar hacia otro lado ya se probó y radicalizó las posiciones. Nuestra obligación pasa por reconstruir los puentes”, insistió la portavoz. “Necesitamos propuestas imaginativas, plantear cuáles son los elementos en los que podemos avanzar. El presidente ha sido muy claro con la autodeterminación”, remató la ministra.

Montero dijo, como Torra, que había sido una reunión muy “sincera”, “honesta”, “dinámica”. Todas las palabras utilizadas por los dos representantes daban cuenta de un encuentro con posiciones muy distantes pero a la vez con un tono muy alejado de la ruptura en la que se han movido las relaciones desde que los independentistas tumbaron en febrero de 2019 los Presupuestos de Sánchez. Las cosas han cambiado radicalmente desde entonces. Ambos grupos, pese a la evidente división del independentismo y el ambiente preelectoral en Cataluña, parecen dispuestos a seguir con las reuniones de esta mesa y nadie quiere ser el que rompa el diálogo. Pese a esa evidente tensión entre Junts y ERC, Montero dijo que no había “encontrado diferencias de tono” en la reunión entre los representantes de estos dos partidos. Torra, explicó, “moderó” la posición de todos. Montero apuntó qué tipo de acuerdo está buscando el Gobierno: “Todos los acuerdos tendrán que tener seguridad jurídica más allá de que se promuevan cambios de normas o revisiones del Estatut”. Esta es la salida que ve el Ejecutivo, pero los independentistas no están en esa senda, al menos de momento.

Un encuentro lleno de pequeños símbolos

El encuentro entre ambas delegaciones estuvo cuidado al milímetro. Todos los detalles estaban pensados para dar una imagen de cordialidad. La Moncloa había preparado una escenografía de camaradería, con un paseo doble por los jardines del palacio, primero de los miembros de la mesa y después de los dos presidentes, Pedro Sánchez y Quim Torra. No hubo ni un gesto tenso.

Los miembros de la delegación catalana llegaron con el lazo amarillo, el símbolo de apoyo a los líderes independentistas condenados a prisión, en la solapa. La diputada Elsa Artadi, además, llevaba una chapa con la cara del expresidente Carles Puigdemont.

Sobre la estrecha mesa de diálogo, el diputado republicano Josep María Jové puso una libreta Moleskine, una similar a la que la Guardia Civil se incautó en su casa y donde consignaba reflexiones sobre el procés. También llevaban los bolígrafos lilas. Los representantes del Gobierno se sentaron siguiendo la prelación protocolaria, los de la Generalitat, no.


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